Mindfulness: mente fuerte y despejada

mindfulness mente en forma

El mindfulness, cuya traducción literal sería ‘concienciación’, es una técnica de bienestar o psicología para potenciar la eficiencia de la mente, mediante un mejor control de la misma. Puesto el concepto de moda, no se trata de nada y nada menos que de un conjunto de ejercicios encaminados a favorecer la concentración, la eliminación de distracciones mediante la meditación, lo que nos ayuda a resolver problemas diarios normales con mayor rapidez y  emocionales, así como a realizar un cambio en nuestra vida, ya que todo lo que necesitamos para esto está dentro de nosotros, en nuestra mente (mind) y nuestra actitud frente a las cosas.

De esta manera, como ya habréis adivinado muchos, el mindfulness es una de las herramientas más usada en terapias de crecimiento y coaching, que se puede aplicar a cualquier apartado de nuestra vida. Supone aprender a dejar la mente en blanco, libre de estímulos superfluos que nos permiten ejecutar la tarea que nos ataña en cada momento. Para ello recurre a respiraciones lentas y controladas y e intenta tomar conciencia de ella y de nada más. No tiene mucho más misterio, pero entraña enorme dificultad. Puede trasladarse a cada labor: uno debe concentrarse en los aspectos de lo que hace o lo que le importa para desplazar de su mente todo aquello que no le sirve. Se puede practicar con cada acción cotidiana: conseguir disfrutar de una comida  supone prestar atención a los detalles de lo que comemos, su sabor, su textura, como se deshace en la boca, así como sus matices, sus colores y olores, su ritual y su disposición en el plato, la forma de comerlo. Este es el enfoque que debemos tomar en cada cosa que hagamos para entrenar nuestra atención, lo que nos permitirá sacar mayor partido de cada cosa e incluso observar y descubrir aspectos en los que no nos habíamos fijado y hallar soluciones o ideas nuevas.

Por supuesto, este sistema de atacar cada tarea puede suponer ir, al principio, más despacio, pero por otra parte ganaremos en el que desperdiciamos en las distracciones. Este mindfulness, además, va en contra de la laureada y sobrevalorada capacidad multitarea de un trabajador o un estudiante. La mente siempre es más funcional si reúne todos sus esfuerzos  en un sólo punto que si los dispersa. También va en contra de las prácticas estresantes y , por tanto, al aprovechar el tiempo y organizarlo, (cada cosa de una en una, pero poniendo cada vez toda la energía sólo en eso), reduce ese estrés, esa ansiedad y mejora el bienestar personal.

Evidentemente no sólo contribuye a un mejor rendimiento práctico o laboral, también ayuda  a tener conciencia de uno mismo y de sus emociones, lo que es bueno para el desarrollo y el cambio, para la autoestima, la empatía con otros y la seguridad en uno mismo. También podría decirse que forma parte del proceso del pensamiento lateral.

Aunque a primera vista, trabajar el mindfulness parezca una cosa sencilla, controlar nuestra atención en un mundo lleno de estímulos, información y tareas es  muy difícil. Es reprogramar un cerebro y no todo el  mundo ‘reaprende’ a focalizar la mente con la misma facilidad. De hecho, en muchos casos, es mejor empezar con la ayuda de nuestro terapeuta o nuestro coaching, que nos ofrecerán ejercicios y pasos para lograr el control de nuestra arma más valiosa; nuestra mente.

 

Imagen| Stuart Miles

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