El buen sexo está en la cabeza

El buen sexo está en el cerebro

El buen sexo depende del cerebro. Con esta afirmación no tratamos de decir que la calidad de nuestras relaciones dependa de nuestra cordura, pero si de nuestros pensamientos, actitud y bienestar emocional. El hecho de que físicamente tengamos una salud de hierro, un cuerpo de escándalo y una resistencia heroica no tienen nada que hacer frente al desanimo, la apatía, la falta de empatía, la tristeza o estados depresivos, el estrés, el enfado u otros sentimientos negativos. ¿Quieres saber cuáles son los aspectos que más influyen en nuestra buena vida sexual?

  • La baja autoestima

Irse a la cama con otra persona supone en gran medida exponerse y estar seguros de uno mismo. Aunque hay quien habla del buen sexo en días de duelo o prácticas de sumisión, uno no puede compartir este momento con otro si no tiene una buena autoestima. El mejor sexo surge de un facilidad para compartir la intimidad de uno, sea con una pareja fija u ocasional, la compenetración y confianza surge de esa facilidad de compartir ese espacio intimo, que debe ser un sitio en el que estar seguros y cómodos. Esto no puede suceder si tenemos una imagen negativa de nosotros mismo o, al menos el sexo con tabúes y frustraciones es malo o no llega a buen termino.

La inseguridad es otra de las facetas de este mal que es la baja autoestima. Esto a veces se revela como el miedo a no ser capaz de superar a las parejas pasadas de nuestro actual compañero de cama o a superar la expectativas que sobre nosotros se han puesto. Así aunque el fallo no esté en que no nos creamos actractivos, nuestra duda se centrará en nuestras habilidades o nuestro propio background.

Hay que entender en este sentido que cada persona es un mundo y que lo importante es también lo que la otra persona siente por nosotros, ya que lo emocional también añade un plus a la experiencia, por encima de ser o no un gimnasta o y amante experto. Asimismo la emoción que nosotros ponemos en ello también es importante y, especialmente, el esfuerzo por empatizar.  Aquí de nuevo hay que poner el énfasis en la capacidad de producir ese momento de intimidad y comunicarse con la pareja con el fin de compenetrarse y satisfacerse, eso sí sin ponerse metas ni compararse con nadie.

  • El estrés

La ansiedad generados por los problemas de la vida diaria: el dinero, el trabajo, las prisas, la familia, las obligaciones, todo eso mata la libido y agota a niveles físicos y emocionales. El estrés consume nuestra energía, nos pone de mal humor, nos genera insomnio, debilita nuestro sistema inmunológico y produce problemas digestivos y también en profunda conexión con nuestras emociones destruye el apetito sexual y puede generar estadios temporales de impotencia.

  • Discusiones de pareja

Cuando tenemos una pareja estable, aunque haya raros casos en los que la atracción física aumente con las riñas, el estrés y la distancia que generan las peleas sobre cuestiones cotidianas un día tras otro, y más cuando deriva en ese estrés anterior, hace que las ganas de irse a la cama con la otra personas desaparezca.

  • Muchas expectativas y fantasías

las fantasías deben ser algo con lo que disfrutar a solas o para recrear como complemento o enriquecimiento de nuestras relaciones. Liberarse y jugar es un buen síntoma de una relación sana ya que denota confianza, seguridad y autoestima, siempre que las dos partes estén de acuerdo. No obstante, cuando fantaseamos con alguien demasiado y en nuestra mente desarrollamos determinadas expectativas de esta situación aún irreal, puede suceder que lo que esperamos de esto este idealizado o no se corresponda con la realidad, de manera que el acto se convierta en algo decepcionante. Por tanto, hay que vivir el sexo sin imaginarlo tanto y no planear, sino experimentarlo, y si queremos satisfacer una de estas fantasías compartirlo con la otra persona, hablarlo y, como en el caso de la inseguridad, no comparar ni anticipar nada. Sólo debe existir ese presente sin desviarse de él.

  • Falta de empatía y generosidad

Una de las razones principales y recurrentes del mal sexo es la falta de empatía o de compenetración. Una pareja que es egoísta nunca proporcionará tanto placer, ni lo recibirá, que si está en sintonía con la otra persona. No se trata de una mera cuestión de comunicarse sino de concebir el sexo como algo recíproco. Tampoco es algo que se dé solo en el caso de una relación estable, las parejas esporádicas también puede ser generosas, ya que se trata de una habilidad emocional, una parte curiosa de esa inteligencia emocional que podríamos denominar inteligencia sexual.

 

Por otro lado, que duda cabe lejos de lo sentimental, nuestro cerebro tiene mucho que ver químicamente con nuestro placer, tanto las sustancias que lo liberan, como las que lo inhiben dependen de él, entre otras cosas. Pero esto ya lo trataremos otro día. De cualquier modo, recordar que no hay nada como una buena salud mental y emocional para tener un buen sexo y para estar felices y sanos en general.

 

Imagen | Danilo Rizzuti

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